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¿Qué son los “monólogos cómplices” de la alimentación y cómo se detectan?

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Frases como “tuve un día malo en el trabajo, me merezco una hamburguesa con papas fritas” o “me como tres facturas total mañana empiezo la dieta” forman parte del largo listado de los “monólogos cómplices” que atentan contra los buenos hábitos. Se trata de aquellos pensamientos internos que se presentan para justificar nuestra actitud de cara a la comida y a la mala alimentación. Pero ¿cómo operan y cómo hacer para detectarlos y evitar los atracones?

Los “monólogos cómplices” habilitan la ingesta indiscriminada de comida sin cuestionarnos, al menos el tiempo que dure la panzada. Por eso, reconocerlos es clave para ya saber la razón que nos conduce al atracón e intentar evitarlo.

1- Monólogo negativo. “Como no estoy flaca como esperaba, entonces me como todo.”

2- Monólogo positivo. “Si no como algo dulce, no me voy a poder dormir” o “con este frío está lindo para comer un guisito”. Están relacionados con el hambre emocional y nos permiten quedar en la zona “cómoda”.

3- Permisivos. “No creo que tenga tantas calorías, no pasa nada”

4- Sobre el control de la comida. “Soy adicta a las harinas”. No es fácil modificar estos pensamientos, la gente acepta como verdad absoluta la idea de que la comida es una adicción y que, por lo tanto, no es posible controlarse o autorregularse.

5- Mágicos. “Cuando me pongo las pilas, bajo todo lo que quiero”. Son muy frecuentes, sobre todo en hombres. Asumen que controlar el propio peso es una nimiedad, que no lo han logrado porque no lo han decidido.