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En búsqueda de las mejores coctelerías de la Argentina

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Hasta hace un par de décadas salir a beber en la Argentina equivalía a tomar cerveza con maní. A lo sumo un fernet cola. El gin tonic era ya algo más excéntrico. Nadie sabía lo que era un Rusty Nail ¡Qué lejos habían quedado los años dorados de la coctelería nacional! Aquellas décadas del 40 o del 50, cuando los bartenders eran personajes de la farándula, salían en la tele y ganaban concursos internacionales.
Mucho agua corrió bajo el puente (o mucho alcohol). A partir del puntapié inicial que dieron algunos bares y bartenders a fines de los noventa, la coctelería nacional resurgió. Primero imitando tendencias que llegaban del exterior; luego en busca de una identidad local. Primero en Buenos Aires; después en todo el país. Al principio educando a los clientes para explicarles qué era un Dry Martini o un  Old Fashioned; más tarde recibiendo a habitués que comenzaron a exigir mejores bebidas y preparaciones más creativas.

“En ese momento hubo 10 o 12 bares que rompieron con todo lo establecido”, explica Rodolfo Reich, uno de los creadores de BACóctel, movimiento que difunde la coctelería nacional y en septiembre de este año realizó BAC Inspira: dos días de charlas y talleres de capacitación en el que participaron las principales marcas y distribuidores de bebidas y contó con una masiva asistencia de profesionales de todo el país. “Hoy se ve cómo aquellos bares marcaron la cancha –continúa Reich–. Hay muchos más bartenders, más profesionales, con más nivel de teoría y estudio”.

La coctelería argentina está en pleno auge, con aperturas que renuevan la escena constantemente, marcas internacionales que organizan concursos y traen al país a sus Brand Ambassadors, mientras marcas locales  elaboran destilados premium. En este contexto no es extraño que los bartenders hayan retomado el protagonismo que supieron tener 50 años atrás. Si en 1951 el maestro Pichín Policastro enseñaba recetas de tragos en las primeras emisiones televisivas del país, hoy a nadie le suenan extraños nombres como los de Tato Giovannoni, Inés de los Santos, Mona Gallosi, Matías Merlo o Seba García, que exceden el mundo de la barra y son protagonistas de la agenda mediática y la vida nocturna. Esa vida en la que, noche tras noche, Negronis, Manhattans y Mojitos se refrescan y se baten en las cocteleras patrias.

En busca de los mejores bares de la Argentina

Allá por finales de los años 90, el porteño barrio de Palermo fue el epicentro de lo que hoy es el boom de la cultura cóctel. Allí se instaló el pionero Mundo Bizarro, al que le siguió una nueva camada de locales que apostaron por una coctelería de calidad. Gran Bar Danzón y Ocho7ocho fueron –entre otros– dos de los que siguieron sus pasos en Buenos Aires, donde hoy la oferta es muy variada. “El epicentro sigue estando en la capital, pero el interior le sigue los pasos y todo llega, tal vez un par de años más tarde”, cuenta Matías Merlo, el bartender más representativo de Mar del Plata y uno de los más reconocidos del país, desde su Tiki Bar, donde se lucen los cocktails frutados que remiten a las islas del Pacífico, con el clásico Mai Tai a la cabeza.

En Rosario, Matías Jurisich y Arturo Ripacandida crearon Chinchibira, donde la coctelería de autor va de los sabores frescos (como el Maracuyá Vodka Fix, con almíbar, maracuyá, jugo de naranja, jugo de limón y tabasco) a lo más seco, como el Las Nenas de Sandro (Chivas Regal, fernet Cestari –santafecino artesanal–, jugo de manzana, almíbar, naranja disecada y pimpollos de rosa). 

Córdoba, en tanto, es una de las plazas que más creció en cuanto a coctelería. El llamado Circuito Güemes incluye barras como el rimbombante Milk que mezcla un ambiente estilo Belle Epoque con noches de DJs y alta coctelería. Dadá Mini -pionero de la zona- es otro referente, además de restaurantes con barras destacadas como Apartamento o Gordó. Tras la barra hay grandes barmaids (Pipi Yalour, Gisela Jaime) y barmen como Gabriel Bessone o Matías Leanez, uno de los más conocidos de la ciudad, atendiendo la barra de La Cova del Drac.

Finalmente, en la tierra del buen vino tampoco faltan los tragos: en Mendoza vale la pena visitar Gingger, atendido por Sabrina Rodríguez Cuak, ganadora de la última edición del reality El Gran Bartender, que se emitió por Telefé.